sábado, enero 07, 2012

A ti te llamaré sinrazón.

Me he despertado sin cabeza, rodeado de sangre. Y no comprendo cómo lo he visto, pero no me he duchado y si te visto, no me acuerdo, porque prefiero olvidarlo.

Desnudo y sin cabeza no se puede salir a la calle, así que me he preparado un café, directo por el gaznate. Es una pena no saborear, pero al fin mi madre podrá decir que su hijo come de todo sin rechistar. A ver si consigo limpiar las sábanas antes de acabar el post. De sangre, no os creáis. Heces.

Me he dado cuenta de que empezar los párrafos impares igual es casi como rimar, y estas cosas se me suben en seguida a la cabeza, pero luego me da pereza y me pongo a rimar. Cante jondo y música electrónica.

La increíble levedad del ser sin cabeza no se puede explicar. La cabeza me mira con desprecio, pero yo me centro en mi cuerpo, liberado de un gran peso, de unas absurdas ideas, de una escala de valores, y corro en todas direcciones. Antes no soportaba correr. Ni caminar. Pero ahora no puedo parar. Hasta creo que podría saltar. Lo complicado es el contacto visual, el intercambio de palabras con un igual. Pero ahora que estoy más cerca del suelo os empiezo a comprender. Sois maravillosos. He perdido la cabeza.


lunes, diciembre 19, 2011

Yo Incluso.

Dicisietemil palabras olvidadas para siempre entre la espiral de vorágine reiterativa redundante de la red. Es algo que da que pensar. Dadaista. Con respecto a mi recto. Podría escribir con coherencia por una vez, pero no me iba a entender. 

En efecto, me siento levitando entre las brumas de mi pensamiento melancólico al ritmo que marca Thom Yorke acompañado de algo de queso y eso, aquí, junto a mi balcón, que en realidad es una ventana, pero siempre queda mejor un balcón del que colgar la ropa, del que asomarse, del que asombrarse. Pero qué bonito balcón. Y qué vistas, madre. Y extrañarse.

Los juegos de palabras ya no son lo que eran.

martes, octubre 25, 2011

Hoy en pieza.

Un puzzle, quizás, un golpe, tal vez. Un continuo rebotar de pared a pared como una incesante obra de remodelación de la colección definitiva de un Lord inglés millonario consciente de que su mujer tiene un amante. Y ruido blanco.

Papapapá. Alargando la última a. Atrapado en un laberinto. Ojos que te sorprenden mirando y acentuándose antes de tiempo en un esdrújulo intento de completar un diccionario imaginario, de imágenes como glosario, retumbando a su vez en las paredes incosncientes de la narración inconsistente de la improvisación más a huevo y peor llevada de la Historia de el Universo conocido y por conocer, aunque el pop lo devuelva todo, tras comerse alguna "ele", sin "pé", al más irrelevante plano existencial, que es con el que nos toca lidiar.

Zarandeo un hombro maltrecho por el hecho de no confundirlo con el lecho sin hablar del despecho hacia el techo rematando a gol en el sentido figurado de una estirada épica, milenaria y me meo.

Y ahora me da por dibujar. Con los ojos vendados, además.

Epílogo. Dícese de. Y el diccionario me recomienda que diga cese. Que cese, que vomitar está bien si se hace en alfombra ajena, pero autoflajelarse no da para más que para sufrir en silencio una autohumillación imbécil. Pero el martillo no para de golpear, la luna está oculta ya en la poesía inexistente de mis rimas sin rimar. Y translúcido es una palabra que quería colar.

¡Oh, tiranía! ¡Oh, pomposidad! Cuan farragoso y empantanado estás. Mamíferos palmípedos. Por fin la última pieza y todo termina por encajar.


sábado, octubre 08, 2011

Hoy(s)


Hoy voy a hablar de cine. De cine es una expresión que se utiliza para dar a entender que algo está muy bien. Así que utilizaré palabros largos cuyo significado desconozco. Desconocéis. Imberbes. Hipoglúcidos. Astracán.

No os podéis imaginar lo que me ha pasado hoy, porque veis mucho la tele y no tenéis imaginación. Así que hablaré de cine. Muy bien. Gracias.

Isabella Rossellini estaba casada con David Lynch cuando se rodó Blue Velvet. A él no le resultaba problemática tanta letra repetida, y ella estaba fascinada por su genio. Vaya, lo he conseguido, he salido del bucle y os he contado una anécdota cinematográfica.

domingo, septiembre 25, 2011

Interfaz

Incluso tras degustar una experiencia audiovisual desconcertante, llena de pelotas de golf y escuchando como estoy escuchando una serie de sucesión de ruidos maravillosamente combinados en un idiotizante y frenético caos, palabra irreconocible al ser el motor de todo cuanto tiene sentido respiro sin saber que después de la estupefaciente redacción no estaré mas allegado a ti ni a nadie que me pueda interesar con su sonrisa deslumbrándome repleta de lo que quizás sea un mero subrayador rojo decorando una incierta ortografía, preguntándome por qué, preguntándote por qué, dirigiéndome hacia usted sin dejar de mirar en otra dirección. Nunca miro a mi interlocutor.

Qué swing, qué frescor.


lunes, agosto 29, 2011

Esbozos recurrentes

Sumido en un pozo de desesperación nadando en una espiral insondable. Su miedo empezó desde aquella operación en la que de dio por mirar la sonda que con sumo cuidado le había colocado la enfermera diciéndole que no se preocupara, que respirara, que todo estaba tranquilo como un río en su cauce medio, quizá en otoño, el cielo despejado. Da sed el hielo, me tienes hasta el moño dijo al sauce y rió con estilo mientras se dirigía al establo, dejando atrás a la rana, ocupado en su dicha, cuando vio a esa ramera loca donde mucho antes sonaba aquel mirlo, y observándola se deslizó colina y media hundiéndose en el fango al llegar a la cerca de los gorrinos, a los que había olvidado castrar.

Son, sin embargo, palabras vanas.

jueves, julio 07, 2011

Fiebre para contar.

Siempre y cuando el escritor escriba para si mismo se creará un gran abismo entre él y el lector. Elector.